Por fin es viernes, y mirando atrás creo que ha sido una buena primera semana, dentro de lo que cabe.
Cuando hace años estuve trabajando en el almacén de Valdemoro del Corte Inglés, (para quien no lo sepa, es el lugar por el que pasan la mercancia que se vende en todas las tiendas de la firma en España y en el extranjero) al llegar por la mañana me ponía a pensar en la cantidad de horas que tenía por delante hasta la hora de salir, y en la cantidad de cosas que podían pasar en ese tiempo, me entraban ganas de volverme a casa echando leches.
Curiosamente, ahora no es así. En una mensajería están pasando cosas continuamente, buenas y malas, y tengo muchas horas por delante desde que entro. Hoy ha sido el único día que he salido a mi hora, y porque era viernes y había poca tarea. El resto de la semana no ha podido ser más intenso. Y con todo, se me han pasado los días volando. Como si no fuese consciente del tiempo que paso allí metido.
El lugar no es muy grande, tan solo tiene una oficina en la que estamos 5 personas, y un pequeño almacen al lado que también sirve de garaje y de lugar de esparcimiento para los repartidores, unos 10 o 12.
La empresa la lleva un matrimonio. Parecen buena gente, son exigentes como lo debe ser cualquier jefe, pero nunca con malos modales ni prepotencia como otros que he conocido. Y además viven cerca de mi casa, así que mi jefe algunas tardes me ha traido hasta el barrio, evitándome hora y media de viaje, y de pagarle al metro y a la mierda la empresa Martin.
Los primeros tres días fueron de aprendizaje de los programas que utilizamos para la gestión de envios, recogidas, incidencias y demás. Pero también he tenido que hacer tareas de almacén por ser el nuevo y no tener otra cosa que darme, así que también estuve embolsando paquetes, etiquetándolos y tal.
Ayer ya me puse a dar de alta envios. Algo que en teoría es sencillo. Consiste en escribir los datos del destinatario, generar una etiqueta y pegarla en la bolsa, pero que se complica de la manera más tonta por culpa de las direcciones. Un localidad mal escrita o que no la reconoce el programa y éste te impide continuar, y es un lio convencerle de que la calle de las narices existe. Menos mal que cuento con (llamémosle J) para salir de los apuros. J tiene la empresa, los programas, las agencias y todo lo relacionado con ese trabajo metido en la cabeza. Lo sabe todo, conoce a todos. Es como un oraculo al que estoy haciendo consultas a todas horas. Al final hace su trabajo y casi el mio. Al menos hasta ayer, aunque hoy también le he dado la tabarra un rato porque me ha puesto a resolver incidencias.
Las incidencias son un auténtico coñazo. Hay que andar llamando a las agencias o a los destinatarios de los paquetes que no han llegado porque: no había nadie, no se conoce la empresa, la dirección está mal, y por mil cosas más. Y ahí es donde te das de morros con el lado negativo de ese trabajo, porque hay de todo.: gente amable y comprensiva y gentuza de lo más aspera y desagradable. Y para colmo, odio hablar por teléfono, y más con desconocidos.
Esta tarde he tenido que llamar a un teléfono de alguien que vive en Logroño. En la incidencia de lo suyo avisaba de que al ir el mensajero estaba cerrado. Y se me ha puesto una mujer. Ha sido darle las buenas tardes y ya parecia que estaba molesta por tener que cogerme el teléfono. La he explicado que necesitaba saber un horario en el que la pudieran entregar el paquete y la bruja, con un tono muy borde que no ha abandonado en todo el rato me ha dicho que allí no había ido nadie y están las 24 horas del día. Yo la he explicado que no era de hoy el aviso, sino de hace días. Y ella interrogándome: ¿quién envia eso? ¿cuando han ido? ¿qué es? , y como no conozco el programa lo suficiente para buscar esa información, no sabía por donde salir. Al final la he dicho que se lo enviariamos en el horario que me ha dado y ella me ha contestado que “aquí todo el mundo se pasa catorce pueblos” (?) La he colgado y mentalmente me he cagado en ella.
Y esto no es nada, tan sólo una mínima muestra de como las gastan algunos. Para mi ha sido mi primer destinatario al que querría ahogar. J en cambio debe llevar miles. Se caga en todos en cuanto los cuelga, cosa que sin duda haré yo también, porque hay algunos que montan un buen follón como tengan que esperar, pero un follón bien gordo, como pude ver ayer por culpa de un paquete que tenia que ir a Argelia. Y eso cabrea a unos y otros y crea muy mal ambiente en la oficina.
En fin, el lunés seguiré con las incidencias, porque por la hora ya no he podido llamar a nadie más. Ni ganas, la verdad.