Venga, otro blog con el trailer. Yo no sé vosotros, pero a mí me va a dar algo si el 22 de Mayo no puedo ir al estreno.
Para verlo mejor, aquí.
Venga, otro blog con el trailer. Yo no sé vosotros, pero a mí me va a dar algo si el 22 de Mayo no puedo ir al estreno.
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Bueno, bueno, bueno, ya están los del Salón del Cómic de Barcelona dejándome pasmado un año más con la lista de sus primeros autores invitados, a saber: Adam Hughes, Milo Manara, Melinda Gebbie (la señora de Alan Moore. ¿La acompañará?), Peter Bagge, Tim Sale… y unos cuantos más. Pero hay dos invitados que para mí eclipsan al resto: Ray Harryhausen, la leyenda de los efectos especiales y Moebius, casi ná. Y solo es la primera lista, que todavía habrá más.

Para quien no la haya visto todavía y quiera hacerlo: hay que verla en el cine, en la tele no será lo mismo.

Ojo, a continuación se me pueden escapar spoilers. Si no la habéis visto no sigais leyendo.
Si hace un par de días Stallone me dejaba pasmado con el realismo con que plasmaba la violencia en John Rambo, donde prácticamente uno podía sentirse tiroteado y bombardeado por todas partes, en Monstruoso no se han quedado cortos.
Monstruoso a parte de ser un experimento fílmico con el que se ha buscado el distanciamiento con otras pelis de mónstruos narrándolo en primera persona, también podría considerarse un brillante análisis del miedo. ¿Qué hariamos nosotros en una situación así? Pues posiblemente lo mismo que los protagonistas, correr como pollos sin cabeza muertos de miedo y con el raciocinio disminuido. Y esa es la grandeza y el acierto de filmarla en primera persona, convertir al espectador en un acompañante más del grupo protagonista y hacerle vivir una de las experiencias más angustiosas y terroríficas de su vida. Y vaya si lo consigue. Acojonao me ha tenido desde la primera explosión que anunciaba la llegada del bicho. Incluso me he asustado en las escenas más previsibles, que también las tiene, como la del tunel del metro (qué pena lo de Marlena, con lo que me molaba la chica).
En fin, otro peliculón y van dos en la misma semana (¡bien!)
Al final mi belicismo cinematográfico se ha impuesto. Ya averiguaré otro día qué o quién leches nos ha encontrado.

Si a alguien le debo el gusto por el cine de acción y espectáculo es a Rambo, a quien descubrí en mi época de instituto. Por entonces yo no tenía video así que, la única forma de ver películas así era en los cines de la capital, a los que no iba nunca por estar lejos, por no tener dinero, ni tener con quien ir. Pero en mi clase si había gente que tenía video y comentaban entre ellos con gran entusiasmo películas como Acorralado, Rambo o Commando. Yo siempre quedaba excluido de esas conversaciones pero me gustaba escucharlas. Esas hazañas bélicas de las que hablaban, con un solo hombre frente a muchos, sonaban de maravilla. Y yo quería ver esas películas.
Y entonces ocurrió. Iba yo con mi padre un día por Madrid y pasamos por la calle Montera, y allí mismo había un cine en el que estaban programadas Acorralado y Rambo (¡Oh!) una detrás de otra. Le convencí para que fuesemos a verlas una tarde y accedió. Acorralado estaba mutilada. Sí, en aquellos tiempos era muy habitual que pasase eso con películas que llevaban mucho tiempo estrenadas. Y entre otras cosas me perdí uno de mis momentos favoritos y que más dieron que hablar en las charlas de mis compañeros de clase: cuando Rambo lanza una piedra a un helicóptero y éste cae derribado (ellos lo cotaban así). Eso tuve que verlo tiempo después en nuestro primer video, y no fue tan espectacular como imaginaba. En cambio, Rambo sí estaba entera, o al menos no noté ningún corte durante el pase. El caso es que aquella tarde, la más inolvidable que recuerdo en un cine, descubrí que había un tipo de cine y de héroe que no conocía. Un héroe que se crecía ante la adversidad, que no daba un paso atrás por muchos enemigos que tuviese al frente y que la hierba no crecía por donde él pasaba. Luego me acostumbré a ver películas así, llegó Rambo III y no me entusiasmó tanto, y encima, la estrella que para mí era Stallone, empezaba a dejar de brillar. Y así fui perdiendo el interés por sus películas hasta que hizo Rocky Balboa, que me lo redimió. Y si le quedó bien aquella, tenía unas enormes esperanzas en John Rambo. Y vaya, para mi gusto ha salido airoso de esa empresa.
John Rambo es ante todo una “película de Rambo“, y no lo digo solo como sinónimo de película de tiros, sino también porque se nota que la idea era de cerrar un ciclo, llevando al personaje al inicio de todo para completar su viaje. Aquel del que se desvió cuando cierto policia tocapelotas se cruzo en su camino y que le llevó durante años a librar otras guerras como aquella de la que volvía.
Mucho se ha hablado y se sigue hablando de si Stallone ya no estaba para esos trotes que requiere el personaje. Y mira por donde ha sido lo bastante astuto como para incluir a un grupo de mercenarios que le acompañen en su nueva misión de rescate. Ya nadie le podrá espetar que es absurdo que un hombre, y de esa edad, pueda enfrentarse a un ejercito el solito. Por cierto, los mercenarios parecen una metáfora de sus detractores, ya que éstos también consideran que Rambo debería dedicarse a pilotar su barquito y dejar la guerra para otros.
Lo más llamativo de todo es que este es el capítulo más crudo y salvaje de toda la serie. Muere muchísima gente y no solo muestra las salpicaduras de sangre y amputaciones durante peleas y tiroteos sino que va mucho más allá. En un alarde de incorrección política se atreve incluso a mostrar asesinatos de niños. Estremecido me he quedado al verlo.
Peliculón. Mi segunda favorita después de Acorralado.
PD. No ha podido faltar el espectador gracioso que ha soltado la conocida tonteria: “¡No siento las piernas!”, que mucha gente (seguro que él también) atribuye a Rambo por culpa de un humorista mediocre que se la inventó.