¿Puede matar a una persona una moneda tirada desde lo alto de un rascacielos?, si un ascensor cae en picado y hay personas en su interior, ¿salvarán sus vidas si dan un salto un momento antes del impacto?, ¿los piercings pueden atraer a los rayos durante una tormenta?, ¿es verdad que si corremos bajo la lluvia nos mojamos menos que andando?, ¿Si una persona bosteza, hace bostezar a quienes estén cerca?, si alguien orina sobre una vaya electrificada, ¿puede recibir una descarga eléctrica a través del chorro?, ¿existe algún método para burlar un alcoholímetro de la policía después de beber?, ¿es cierto que las arenas movedizas pueden atrapar y tragarse a una persona, como hemos visto tantas veces en el cine?, si a un avión que vuela a gran altura se le hace un agujero en el fuselaje, ¿pueden ser absorbidas las personas y objetos que haya en el interior hacía el exterior?, ¿Qué hay de cierto en eso de que las tostadas siempre caen al suelo por el lado untado?, pues a todas esas preguntas y muchas más les buscan respuesta Los Cazadores de Mitos.

Si el Discovery Channel, siendo un canal de documentales científicos, puede presumir de tener una serie tan popular como, pongamos Héroes en la NBC, sin duda se trata de LCDM. Con sólo poner el título original (Mithbusters) o el español en cualquier buscador de Internet, encontraremos multitud de páginas referidas a esta serie, pero, ¿a qué se debe su éxito?
Vayamos por partes. El mito de LCDM le debe mucho a sus dos presentadores principales: Adam Savage y Jamie Hyneman. Dos especialistas en efectos especiales para el cine y la televisión, en cuyos curriculums pueden presumir de haber aportado su granito de arena a películas como Star Wars, ep. I y II, la trilogía Matrix, Terminador 3 o Inteligencia Artificial. A pesar de sus personalidades tan opuestas, pues Savage es como un niño grande, entusiasta y amante de los experimentos que acaben en explosiones, mientras que Hyneman es más reservado y reflexivo, ambos comparten su amor por la ciencia y la tecnología y la ponen al servicio del programa para llevar a cabo los más demenciales experimentos que les aclaren qué hay de cierto en los mitos que investigan, que son el otro pilar del programa.
Los mitos a “cazar” los extraen de multitud de fuentes: leyendas urbanas, curiosidades de Internet de esas que nos llegan a veces por el correo, películas, comics, periódicos, televisión, etc. Y la forma de llevar a cabo la “caza” difiere mucho de otros programas de experimentos como Brainiac o Leonart. Mientras que en estos dos últimos programas se limitan a explicar en un estudio o en exteriores como conseguir su fin, los “cazadores” tienen su propia manera de hacer las cosas. Lo primero que hacen es una sesión de brainstorming donde analizan el mito en cuestión, el método que van a seguir para “cazarlo” o demostrar que es cierto. Seguidamente buscan los materiales que necesitan, que pueden ser desde un tubo de plástico a un avión de pasajeros. Como se puede ver, nadie les da nada hecho. Cuando ya lo tienen todo empiezan a probar cosas con lo que tienen. Si ven que no les da resultado la idea inicial se buscan un plan B, y así siguen hasta que dan con lo que quieren. Lo cual no les garantiza nada, y es que esa es una de las grandezas del programa: da igual el esfuerzo que les hayan llevado sus inventos, puede que consigan lo que quieren, o no. A veces se quedan con las ganas, por no saber como hacerlo o, como les pasó en un programa, que después de idear la forma de probar si un coche podía salir despedido por la fuerza de la propulsión de los motores de un avión, se encontraron con que la compañía aseguradora del avión no les permitía hacer la prueba, porque algunas son de muy alto riesgo y necesitan supervisión policial, de bomberos o médica.
Y luego está Búster, sin el cual no podrían hacer muchos de sus experimentos. Búster es un dummy, uno de esos muñecos que se utilizan para hacer pruebas de seguridad de los coches. Consiguieron uno al que someten a las pruebas más extremas que, casi siempre, acaban con él desmembrado o quemado.
La verdad es que es un programa que merece la pena. Es la ciencia convertida en espectáculo de alto presupuesto, sin trampa ni cartón, y presentado por los presentadores más cachondos que pudiera uno imaginarse en un documental. El único pero que le pondría es que no sea más conocido a nivel nacional para que pudiéramos disfrutar aquí de los dvds con cada una de sus temporadas.